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¿Y SI LO QUE ESTAMOS POSTERGANDO ES LA OPORTUNIDAD DE SER FELICES ?

4 comentarios

El trabajo con mi tesis doctoral me ha vuelto a poner en contacto con la tendencia a postergar, diferir, procrastinar, aplazar cosas importantes que sabemos debemos hacer y que postergar no solucionará, tal vez al contrario, hará más complicado realizarlas… ¿quién no ha caído en eso alguna vez? Hay quien piensa que se trata de flojera, pero en realidad es mucho más complejo. Hasta un premio Nobel como George Akerlof admite haber caído en ello!!! Y algunos autores destacan que se está volviendo una tendencia social y política, sobre todo en esta época en la que existen tantos estímulos externos, donde se espera que estemos activos en todas las redes, cumplamos todas las responsabilidades personales, familiares, laborales, ciudadanas, etc.

Procrastinar (que por cierto no es un anglicismo sino una palabra que viene del latín procrastinare) no sólo implica postergar tareas pesadas o incómodas de la vida cotidiana, sino que abarca también cosas de mayor peso, involucrando incluso las relaciones personales (no poder terminar con relaciones sentimentales destructivas), postergar un proyecto, una carrera, una conversación importante con el jefe o la pareja, o decisiones que son trascendentales para nuestra vida, nuestros anhelos… Entre los mecanismos que usamos para no afrontar la tarea figuran: el escape, la distracción, la trivialización,e incluso el humor.

procrastinar-shutterstock

En el mejor de los casos hacemos las cosas en el último minuto, cuando ya casi no queda tiempo, tal vez porque consideramos que así seremos más eficientes (sin contar con el estrés y la ansiedad que ello nos genera) o porque estamos esperando una oportunidad más propicia…y no llega; o tal vez terminemos haciendo algo mediocre. Lo que viene a continuación es la frustración o la decepción, cierto arrepentimiento y toda una serie de justificaciones: somos más efectivos postergando y justificando, que enfrentando el reto. La consecuencia es un cúmulo de emociones que en general nos hacen sentir peor. Hay muchas recomendaciones que apuntan a que se trata de un problema de gestión del tiempo, pero más allá de eso hay otros factores que pueden estar impulsándonos a diferir nuestras propias necesidades, lo que el alma nos está pidiendo.

Entre las muchas cosas que la procrastinación puede estarnos diciendo de nosotros mismos figuran:

  • Que percibamos la tarea como demasiado grande, compleja, pesada o aburrida. Ciertamente hay personas de una incuestionable capacidad de trabajo que han reconocido sentir pereza ante la perspectiva de un duro reto, como lo señala Amy Gallo en el blog del Harvard Business Review. Algunas tareas cotidianas nos resultan pesadas, incomodas y si tenemos otras cosas que hacer comenzamos con las que más nos gustan, o incluso nos las inventamos, preferimos llenar nuestro tiempo con otras actividades más placenteras o de gratificación inmediata que asumir la que no nos gusta. Según señalan los expertos en la materia las tareas domésticas y rutinarias representan la forma más común de procrastinar, pero tal como lo apunta el psiquiatra Ned Hallowell  posponer las tareas no te libera de ellas, hacerlas si.
  • Razones culturalesen el caso de las mujeres es muy común que las necesidades de toda la familia estén antes que las nuestras en la escala de prioridades; sin embargo, también muchos hombres pueden colocarse en el último lugar en la lista de prioridades por una mal entendida amabilidad, complaciendo a los demás siempre o para ganar aprobación. Otra razón de la que habla la psicóloga argentina Liliana Mizrahi es que ancestralmente la mujer se ha dedicado a apoyar al hombre para que sea exitoso, no para ser ella la exitosa y ello pesa en nuestra conducta actual.
  • Falta de autoestima de la que no estamos del todo conscientes y que nos hace dudar de que seremos capaces de hacer un buen trabajo, obra, proyecto… o por miedo a no poder controlar todos los aspectos involucrados en el resultado. Postergar puede incluso darnos la escusa perfecta, “lo habría hecho mejor pero no tuve tiempo-” Algunos expertos consideran que ello nos conduce al victimismo. Piers Steel ha relacionado la postergación crónica con la falta de autoestima y ausencia de una influencia de modelos de conducta positivos en el entorno, mientras algunas personas conservan creencias que estigmatizan su comportamiento. el escritor británico canadiense Malcolm Gladwell coincide en que el entorno del individuo tiene mucho que ver con la autolimitación, el victimismo, la procrastinación sin que seamos conscientes de ello. Estos casos requieren tal vez de apoyo para superar mecanismos que se han perpetuado por generaciones. 
  • También puede ser exceso de confianza: creemos que seremos capaces de controlar todos los factores que intervienen en el momento en que decidamos actuar, aunque sea a último minuto. Eso le genera una cierta adrenalina a algunas personas  ¿sentirse en el borde del precipicio y salvarse los convierte en héroes?
  • Nos falta motivación: es cierto que algunas tareas nunca nos van a motivar porque tal vez son aburridas o no nos ofrecen una recompensa que nos impulse a realizarlas.  Pero necesitamos librarnos de ellas y la buena noticia es que podemos crear la motivación a través de recompensas. La propia sensación después de la acción puede desencadenar motivación y ambas se retroalimentan.  Si es que hemos perdido la motivación por cualquier tarea entonces de lo que se trata es de algo más que procrastinar…
  • Creemos que el éxito es cuestión de suerte o sencillamente no nos lo merecemos: Si consideramos que no tenemos suerte entonces tal vez no hagamos el esfuerzo necesario para lograr nuestras metas, o al primer obstáculo nos desanimamos. Y si en realidad se trata de algo más que suerte? ¿y si lo que necesitamos es perseverar o ver las cosas desde otra perspectiva?
  • Tenemos miedo al fracaso: ese es uno de los aspectos que comúnmente señalan los psicólogos, que se han interesado en abordar este tema por el componente de irracionalidad que entraña. Es probable que lo que estemos evitando es fracasar, pues nuestra autoestima se vería afectada, en vez de considerar que el intentar algo aunque no resulte exitoso siempre implica un aprendizaje.
  • Buscamos la perfección: el afán de hacer las cosas perfectas en vez de lo mejor posible puede también estar conduciéndonos a perder oportunidades importantes.
  • Tal vez queremos evitar conflictos o sentirnos mal: ciertamente es bueno respirar antes de reaccionar pero postergar ad infinitum un problema no nos libera de él, al contrario puede incluso empeorar, puede entrañar rabia pasiva.
  • Problemas con la autoridad: en algunos casos el diferir puede implicar una cierta resistencia hacia esa figura de autoridad que puede estar presionándonos para hacer algo o por el contrario nuestra idea de hacer algo que nos place choca con las creencias que esa persona tiene.
  • El síndrome de la mente voladora: nos surgen nuevas ideas con tal rapidez que nos impide darles forma y materializarlas antes de que surja el aburrimiento y la sustituyamos por una idea más atractiva.

pequeño pasoAhora bien, ¿qué pasaría si hiciéramos lo que en realidad tenemos que hacer, si alcanzáramos el éxito, si nos enfrentáramos a nuestros miedos y los venciéramos?  Qué tal si asumiéramos más riesgos? Podríamos fallar pero también acertar ¿Cómo nos sentiremos cambiando nuestra historia de eterna justificación por una de logros, aprendizaje, satisfacción? Afortunadamente podemos cambiar y para ello lo más importante de todo es el compromiso con nosotros mismos, con recuperar el control y permitirnos arriesgar para ser felices, exitosos, sentirnos bien con nosotros mismos.  

  • Lo primero es reconocer que incurrimos en el irracional hábito de postergar con la consiguiente necesidad de justificar o a sabiendas de que nos sentiremos peor. Hay varios test en la web para determinarlo pero si lo que has leído hasta ahora te resuena tal vez si.
  • Desvelar las causas: algunas veces podemos llegar solos a definirlo y otras veces necesitaremos ayuda profesional. A mi la práctica de la conciencia plena (Mindfulness) me ha ayudado porque permite observar nuestros pensamientos y acciones durante el día, observar el momento en el que se experimenta la ansiedad y la tensión que rodea la tarea no realizada, apreciar el proceso de elaboración de la justificación. etc. Pero sobre todo porque me permite integrar esa parte de mi, aceptarla, percibir cuando se acerca el impulso de posponer y controlarlo para entonces actuar.
  • Sustituir el debería hacerlo por el puedo hacerlo: muchas veces nos decimos a nosotros mismos que deberíamos hacer algo pero la frase ya lleva implícito que no lo haremos o al menos la posibilidad de aplazarlo, por lo que se hace necesario utilizar en su lugar puedo hacerlo. 
  • Buscar una buena motivación. ¿Qué satisfacciones te producirá alcanzar esta meta, realizar esta tarea, lograr un determinado proyecto? Piers Steel señala que la motivación es la clave porque es como si ambas cosas no fueran compatibles. Escribir esa motivación en algún lugar donde podamos verla si se trata de una tarea que se prolonga y recordarla siempre que nos descubramos postergando.
  • Implementar cambios en el uso de tu tiempo que no incrementen la ansiedad. Hay muchas recomendaciones para la gestión del tiempo que ciertamente son útiles, como elaborar una lista flexible, realista y priorizada de objetivos. Eso es mejor que un complejo calendario de actividades especificando el uso de cada minuto. Contemplar ratos de descanso  puede incluso motivarnos a terminar más rápido. Es clave controlar la inclusión de tareas que son importantes para los demás personas, y no para nuestros propósitos.
  • Dividir las tareas en pasos permite avanzar progresivamente, disminuir la sensación de intimidación de los grandes retos. Si notamos que estamos bloqueados frente a una tarea que necesitamos hacer es preciso apreciar las sensaciones que están involucradas, darnos una pausa, salir a respirar aire puro, y volver luego para aplicarnos de nuevo, aunque tal vez usando otro enfoque.
  • Mantenernos centrados: Tenemos que definir claramente nuestras metas y mantener el foco en ello. Para mi los mandalas ayudan mucho en esto porque nos permiten volver al centro siempre, no perdernos en los detalles ni en las cosas accesorias que si bien pueden enriquecer el proyecto tal vez nos distraigan demasiado.
  • Es necesario tener una actitud proactiva y positiva, interesada en aprender sobre lo que hacemos, en experimentar las sensaciones para aprender de este proceso y definir claramente nuestras metas, yendo más allá de lo que no queremos hacia lo que aspiramos. Entre otras cosas podemos ayudarnos con aromaterapia. El aceite esencial de pomelo puede incrementar nuestra confianza con un toque de alegría, mientras que el romero es revitalizante y ayuda a la concentración. La música es otra herramienta genial;  hay algunas piezas musicales que logran el milagro de impulsarte.
  • Darnos una recompensa, reconocer cuando estamos progresando es efectivo: cada paso merece ser reconocido porque restaura la confianza en nosotros mismos. 
  • Tal vez podríamos involucrar a un tercero bien sea delegando o para comprometernos en no seguir procrastinando. Algunas veces se pueden delegar tareas, tanto en el hogar como en el trabajo, porque quizás estamos acumulando una cantidad de trabajo que podríamos compartir con otras personas para gestionarlo mejor, pero otras veces se trata de asumir nuestra tarea y la ayuda de un tercero (un familiar, un coach, un psicólogo, un amigo) para compartir con esa persona lo que está representando el reto de superar la procrastinación.
  • Perseverar: es fundamental reconocer que si tenemos una tendencia a postergar cosas importantes para nosotros que puede ser de origen epigenético o cultural puede ser un proceso que requiera ser compasivos con la manera en que nos libramos de ese hábito, necesitaremos perseverar para ver los resultados y sentirnos plenos. No hay receta mágica porque forma parte de la naturaleza humana. Algunas veces nos tendremos que obligar a hacer algunas cosas porque sabemos que los beneficios que obtendremos bien valen el esfuerzo, y otras veces será necesario buscar una motivación más allá de lo material, utilizarlo como una oportunidad para ejercitar nuestra conciencia plena. Si nada representa un reto interesante o no sentimos pasión por lo que hacemos entonces sería necesario esclarecer qué podríamos hacer para integrar a nuestra vida algo estimulante.
En síntesis, dejar de postergar es un reto complejo y actual en el que está implicada no sólo la limpieza de la casa, el pago de los impuestos, o el cumplimiento con una rutina; sino más importante aún la posibilidad de sentirnos satisfechos o darnos la oportunidad de ser exitosos. Es preciso ser honestos con nosotros mismos para reconocer qué es lo que estamos aplazando y por qué para entonces asumir el compromiso de cambio con determinación, creatividad, constancia y mucho amor.  
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Autor: Sandra Guevara

Amante del arte como medio de expresión de las emociones y herramienta sanadora. Un rato Meditadora, Moon Mother Avanzada y creativa; y otro doctora en Economía Aplicada e interesada en el desarrollo sostenible. Deseosa de compartir inspiración con todas las personas que desean desarrollar sus talentos, vivir su sueño con conciencia personal, ambiental y social. Articulista y bloguera.

4 pensamientos en “¿Y SI LO QUE ESTAMOS POSTERGANDO ES LA OPORTUNIDAD DE SER FELICES ?

  1. Justamente tengo en este momento duras tareas que enfrentar!!! Fue bueno leer esto. Ahora entiendo que si encuentro un poco de motivación, el trabajo será mucho más fácil….Gracias Sandra.

    • Así es preciosa. En presencia de una buena motivación nada nos detiene! Analiza bien esas duras tareas y trata de adivinar qué aprenderás durante su realización, como te sentirás después de haberlas realizado, que puedes hacer durante el proceso para que sean menos “duras”. Tal vez puedas incluso ofrecerte una buena recompensa y entonces te anime más. Seguro que se te ocurre algo genial! Un fuerte abrazo.

  2. Me hizo mucho sentido todo lo que escribiste, y como coincidí con muchas cosas que hago para postergar mis labores. El problema es que cada vez tengo menos motivación para seguir adelante, es tanto asi que el ver el sol entrando por mi ventana al amanecer me provoca una ansiedad tremenda, de pensar en el dia horrible que se avecina, y al llegar a mi trabajo efectivamente es asi, una odisea. Muchas veces me digo que debo cambiar de trabajo, por que esta lleno de estímulos sumamente negativos para mi… Pero me da miedo llegar a otra parte y que sea lo mismo otra vez.

    • Hola Petit, Gracias por compartir esa sensación. Creo que a todos nos infunde un poco de temor el cambio, es normal, pero si no nos arriesgamos a cambiar no tendremos la oportunidad de probar otras cosas, no nos permitimos estar equivocados y descubrir algo hermoso detrás de ese signo de interrogación.

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