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Celebrar el ser mujer, el 8 de marzo y todos los días.

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Más de cien años han pasado desde que se declarase por primera vez el Día Internacional de la Mujer y aún hay lugares en el mundo en los que  esa condición puede privar a un ser de la vida mientras en otros se vive como una gran desventaja.Por eso muchas mujeres consideran que no hay nada que celebrar, y si mucho que reivindicar para que podamos gozar de plena igualdad en derechos. Ciertamente, estamos mucho mejor que nuestras antepasadas a quienes se les negaba el derecho a la educación o al voto, pero hay retos inmensos no sólo en el plano formal, legal, sino también y más complejo aún a nivel cultural, de valores. Incluso en los países donde los derechos de la mujer han avanzado mucho es común que la mujer se sienta en la necesidad de imitar el comportamiento masculino para tener éxito en algunos ámbitos o se registren constantemente agresiones que tienen como trasfondo una larga historia de dominio y desvalorización de lo femenino.

Eso explica que muchas feministas en busca de la igualdad de derechos hayan optado por rechazar lo que se ha llamado el esencialismo o la diferencia entre mujeres y hombres aduciendo que eso de por sí es discriminatorio y que todo es producto de la cultura que nos educa de una determinada manera. Además, eso de ser esencialista nos equipara a la naturaleza, otra gran ignorada y sacrificada en aras del logro de objetivos de corto plazo, como lo han destacado muchas voces ecofeministas, economistas y filósofas feministas que nos hablan de la necesidad de revalorizar la vida, el cuidado, el mantenimiento de los ciclos, y el trabajo no remunerado que se lleva a cabo en el hogar predominantemente por las mujeres, entre otras tantas cosas. El haber denominado inicialmente el Día de la Mujer como el de la mujer “trabajadora” era una contribución a la desvalorización de las labores llevadas a cabo fundamentalmente por mujeres en el ámbito del hogar, que no son consideradas trabajo ni productivas. Otra gran falacia.

Si bien es cierto que la cultura tiene mucho que ver con a idea que tenemos de lo que es una mujer y hay un gran interés económico en etiquetarnos como consumistas, también es verdad que desde el punto de vista fisiológico somos diferentes, aunque tengamos derecho a ser consideradas ciudadanas en igualdad de condiciones que los hombres. Pero por Dios, el querer ser iguales a los hombres nos ha llevado a rechazar nuestra naturaleza, a no aceptar nuestros ciclos, a forzarnos a suprimir características que son conisderadas debilidades. La ciclicidad femenina ha sido fuente de malestar y frustración para la mujer y burla o crítica de parte de los demás por no comportarnos todo el tiempo de la misma manera o tener niveles de energía que varían a lo largo del ciclo. Hablar de la menstruación ha sido un tabú, mientras que a un hombre se le admite que se vanaglorie públicamente de su virilidad. En el plano económico hay millones de mujeres que necesitan independizarse, pero también en el plano emocional, donde hay lazos aún más fuertes de miedo, desvalorización y dependencia.

Womb_social-214x214Afortunadamente los tiempos están cambiando y cada vez hay una mayor conciencia sobre la bendición de ser mujer. Si, así lo considero hoy en día, a pesar de que pronto comprendí que las mujeres llevaban la peor parte en muchos ámbitos, y eso me impulsó a asumir una actitud masculina. Aunque nací en un país donde las mujeres son unas valientes heroínas que trabajan dentro y fuera del hogar, y mantienen su coquetería sin importar si son tildadas de esencialistas, la concepción generalizadas es que estamos hechas para las labores del hogar. Ya os he contado mi frustración cuando a mi hermanito le regalaban juguetes para divertirse y a mi escobitas y mochos para aprender a limpiar!!! Afortunadamente, el machismo de mi padre no llegaba a lo de la educación y terminé estudiando mucho más que mi hermano, lo que tampoco representa sorpresa alguna, lo que pasa es que de acuerdo a las estadísticas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, las mujeres tenemos que estudiar mucho más para poder optar por los mismos cargos que los hombres y las remuneraciones son por lo general menores. Esto además tiene que ver con el hecho de que las mujeres son las que optan por jornadas reducidas para poder tener tiempo de dedicarnos a lo que se supone que es nuestra responsabilidad.

Pero aún si nos otorgan legalmente derechos y conciliamos responsabilidades, nadie puede otorgarnos poder y respetarnos si nosotras no nos consideramos valiosas, si denigramos de nuestras hormonas y nos forzamos a funcionar como una máquina todos los días igual, si rechazamos la vulnerabilidad o la delicadeza, la ternura o el amor incondicional. Ello no quiere decir que todas las mujeres somos identicamente iguales y estamos hechas para ser madres o tener la misma orientación sexual, pero nuestro cuerpo funciona de manera diferente y eso es grandioso. Las civilizaciones ancestrales consideraban que el útero era la sede el alma femenina. Aprendamos a gestionar y potenciar nuestros dones, nuestra creatividad, nuestra fuerza vital. Desde allí nos podemos entender con los hombres en un plano de igualdad de derechos, no de agresividad y resentimiento por las miles de agresiones de las que siguen siendo objeto miles de mujeres en el mundo por el solo hecho de ser mujeres. Exijamos justicia, equidad, respeto pero valoremos nuestras cualidades y hagamos que la sociedad las valore.

El 8 de marzo es un día propicio para celebrar el haber nacido mujer, pero es una tarea de todos los días. Es un día para celebrar también que cada vez hay más hombres que expresan una masculinidad sana, que no pretenden humillarnos, ni dominarnos, ni agredirnos. Esos hombres honran las cualidades femeninas y son los mejores aliados para continuar con las reivindicaciones pendientes, para cambiar el ejemplo en el hogar y los valores de la sociedad.  El verdadero empoderamiento empieza con nosotras mismas, honrándonos.

 

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Autor: Sandra Guevara

Amante del arte como medio de expresión de las emociones y herramienta sanadora. Un rato Meditadora, Moon Mother Avanzada y creativa; y otro doctora en Economía Aplicada e interesada en el desarrollo sostenible. Deseosa de compartir inspiración con todas las personas que desean desarrollar sus talentos, vivir su sueño con conciencia personal, ambiental y social. Articulista y bloguera.

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