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Ausencias que duelen

2 comentarios

Todavía recuerdo la primera vez que te vi. Han pasado más de treinta años… Aquella era una típica tarde de octubre en los valles de Aragua, cálida y soleada y yo una adolescente emocionada, buscando la dirección de mi nueva amiga del liceo al que acababa de incorporarme. Había sido invitada por primera vez a su casa y tu amablemente, con tu voz pausada y una dicción perfecta me diste la bienvenida a tu hogar.

Inmediatamente me condujiste a ese sabroso patio tropical que se prolongaba hacia la montaña, en el que estaba tu hija con su guitarra y su dulcisima voz, así como el resto de amigas y hermanas que daban rienda suelta a su gusto por la música y su alegría pueril. Una tarde inolvidable  no sólo por el disfrute junto a un grupo tan especial sino por tu calidez. Constaté que disfrutabas recibiendo las amistades de tus preciosas hijas, escuchándoles cantar, brindándonos atenciones.

imageMe presentaste a Santiago, tu esposo, tu compañero de vida. Aquel hombre buenmozo, serio, y de pocas palabras y muy buen gusto por la estética que reflejaba al vestir y en todo lo que hacía. Pero era cuando sonreía enseñaba al mundo su alma dulce, esa dulzura que trasladaba a las delicias que elaboraba en la cocina, como sus inigualables hallacas. Trabajador incansable y orgulloso padre de sus cuatro hijas.

No imaginaba que al entrar en aquella casa entraba en la familia y todos en mi corazón. Volví tantas veces que ya pasaba directamente hasta el patio cuando estabas lavando o cuidando tus plantas, o hasta la cocina,  cuando estabas preparando la comida. Siempre dedicada a dar a los demás lo mejor de ti, incluso sacrificando tus anhelos… Y el momento de pausa era para sumergirte en la lectura profunda de la prensa. Era impresionante tu dominio de la escena política, económica y social nacional, los acontecimientos internacionales o los de orden cultural. Me encantaba entablar largas conversas contigo sobre el panorama mundial o la próxima exposición en la Casa de la Cultura, pero tambien de mis propios sueños y retos, o de los tuyos.

Cuánto aprendí de ti… Aunque en aquel momento no era consciente de ello. No sólo parendí de tus conocimientos adquiridos, sino de tu sabiduría llana, de lo que significa el amor incondicional de las madres, del significado del sacrificio y la invisibilidad del trabajo de la mujer y su apoyo fundamental al mantenimiento de los ciclos vitales.

Me cautivó tu bondad sin límites, tu elegante sencillez, tu discreta personalidad, tu amoroso trato… Me encanta recordar como te referías a mi siempre con nombre y apellido para distinguirme de tu hermana. Que afortunada he sido de haberte conocido y sobre todo de haber recibido de ti tanto amor y estímulo.

imageTus hijas y yo nos fuimos convirtiendo en  mujeres prácticamente al unísono y cada una fue tomando su camino aunque la amistad ha perdurado. Yo me ausenté unos cuantos meses porque me fui a Inglaterra con mi padre, quien estaba haciendo allí estudios de postgrado, pero nos seguimos comunicando por cartas. Recuerdo lo mucho que disfrutabas con los cuentos de mi experiencia por aquellas tierras y cómo te brillaban los ojos imaginando los lugares y situaciones.

Me fui otras tantas veces mas, a Caracas a estudiar en la Universidad, por viajes de trabajo a Latinoamérica y Europa cuando comencé a trabajar como profesional, a la India cuando ingresé al servicio diplomático, y a tantos otros lugares del mundo, por mi espíritu aventurero…  pero siempre volvería a esa casita azul del patio que se prolongaba hacia la montaña, incluso ya casada, luego con un hijo… Y tu allí,  siempre junto a Santiago, siempre al cuidado de alguno de los nietos, compartiendo las alegrías y las tristezas de tus hijas, siempre prodigando amor, con tu alma grande como tu.

Cuando regresé la última vez ya no estabas en tu casa, ya la memoria se refugiaba en las alegrías pasadas… Él tampoco estaba… El amor de tu vida se había ausentado para siempre sin que tu te enteraras… Tal vez por eso te veías alegre cuando te fuimos a visitar, con el amor que me expresaste siempre chispeante en tus ojos, mientras tu cuerpo espigado y elegante ya mostraba los signos del paso de los años.

Ahora tu tambien te has marchado al encuentro de la luz, dejando esta nostalgia infinita por no haber podido disfrutarte durante los últimos años. Tanta distancia duele en momentos como estos  cuando quisiera darle un abrazo infinito a mis  hermanas del alma, cuando los acontecimientos fundamentales de la familia se diluyen en el inmenso océano que nos separa y que apenas puedo compartir a través del teléfono o las redes sociales.

imageSé que estarás ya ascendiendo hacia lo más elevado porque te has ganado el paraiso a pulso. Te habrás encontrado con Santiago e irán de la mano a descubrir nuevos senderos juntos, libre al fin de penas, con el aliento recobrado… Sin embargo, el dolor empaña la visión y se hace nudo en la garganta, pero no pretendo esconder esta vulnerabilidad ante tu ausencia. Pasará… Alimentaré mis memorias con tu manera inigualable de expresarte, con la música que amabas, con tu pasión. Me consideraste como a una hija y yo a ti como a una madre. Como me dijiste tantas veces, te amo.

Luz para tu alma Lesbia. Dale un abrazo inmenso a Santiago y dile que a él tambien le he amado mucho. Gracias por tanto amor.

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Autor: Sandra Guevara

Amante del arte como medio de expresión de las emociones y herramienta sanadora. Un rato Meditadora, Moon Mother Avanzada y creativa; y otro doctora en Economía Aplicada e interesada en el desarrollo sostenible. Deseosa de compartir inspiración con todas las personas que desean desarrollar sus talentos, vivir su sueño con conciencia personal, ambiental y social. Articulista y bloguera.

2 pensamientos en “Ausencias que duelen

  1. Me quese sin palabras ahogada en llanto… Tantos recuerdos vienen en estos momentos, vivencias, anecdotas… gracias a la vida por habernos regalado esta hermana especial e incomparable, que ha recreado su narracion exactamente como paso… gracias MADRE por tanto amor, entrega y dedicacion, solo DIOS sabra premiar tu obra!

  2. Realmente hermoso…

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